Kosovo existe

Normalmente necesito varios días para aprender unas pocas palabras locales y cuando apenas empiezo a usarlas, ya me estoy despidiendo. Hola y Adiós son palabras bien conocidas por los labios del viajero.

Entrar a un nuevo país, casi siempre, me despierta alguna extraña sensación. Rasco un poquito y creo descubrir en ello la inquietud que me crea lo nuevo. Nuevo idioma, nuevas costumbres, nueva comida, nueva moneda, nuevas miradas, nuevos miedos… O quizá es un poco lo mismo en un escenario distinto.

No me gusta ser inflexible en mi mirada, creyendo a cada pueblo de una única forma, pero me resulta divertido jugar a hacer una primera idea de las gentes de un país, según el trato que recibo al llegar a la frontera. Ese lugar frío y distante, que vive sobre una línea imaginaria, separando a las personas por naciones. A veces pienso en ello y me parece tan loco y sin sentido.

Recuerdo como cuando llegué a Montenegro, el policía ni siquiera tuvo tiempo o ganas de mirarme a los ojos. Desganado, selló mi pasaporte y al sacarlo a través de la ventanilla para devolvérmelo, casi me saca con él un ojo. Ahora que lo pienso, si hubiera viajado por este país con un solo ojo, habría visto solo la mitad de la basura que vi. Me encanta cuando el payaso, así sin avisar, es el que encuentra reflexiones y soluciones en los momentos en los que el ego le da demasiada seriedad e importancia a lo que me pasa. ¡Mas payasos y payasas en el mundo, por favor!

Ya que nos pasamos la mayor parte del tiempo mirándonos el ombligo… al menos que sea con humor. Aligerar nuestras miserias, a través de la risa, es un buen camino hacia una vida más fluida y pacífica. Eso, y hacer el amor claro.

Cuando entré en Albania, el policía fronterizo veía una telenovela en una vieja tele y comía una chocolatina divertido. Hasta pudimos conversar y allí mismo asistí a mi primera clase de albanés. Y claro, luego  me pasaba los días deseando mucha “Mirdita” a todos los que me cruzaba. Así, el trocito de Albania que mis ruedas conocieron, resultó ser de gente amable, sencilla y risueña. Fueron días de ríos y montañas. De esfuerzo y silencios. Días de instintos y Naturaleza. Días de encuentros. De noches frías y estrelladas. Fueron días que ya fueron, dejando tras de sí bellos recuerdos.

……………………..

Con los ojos llenos de paisajes entro a un nuevo país, tratando de llenarlos de presente… A pesar de que España no lo reconozca como tal, ¡Kosovo existe! Y que país.

Atravieso durante unos pocos días, por el interior, esta tierra verde y exhuberante y sin adornos. Manos y cuerpos fuertes cuidan y trabajan los campos por donde paso, proa al sureste. Gente encantadora, de sonrisa cálida y sincera. La gente del campo vive a otro ritmo. No tienen necesidad de estar mirando continuamente un reloj y, sin embargo disponen de tiempo. Me siento bien dejándome contagiar de calma y sencillez. Les doy las gracias y no entienden por qué.

Me señalan sorprendidos y cuchichean entre ellos. Yo me paro y los saludo. Me abro a las miradas auténticas y curiosas y siento que entre nosotros, fluye una comunicación libre y entrañable. Hablamos un mismo idioma y no está hecho de palabras.

Los conductores son prudentes y respetuosos. Saber que puedo dar un mal pedal y tener espacio para ello me sabe a gloria. Por aquí no deben pasar mucho viajeros en bici. Algunos se asombran y muestran respeto e interés por el viaje. A mi lo que me asombra es su capacidad de asombro… Y de mostrarlo. Como los niños, que cuando algo llama su atención expresan su sorpresa desde su natural espontaneidad, sin pensar en los ojos del otro. Más hacia poniente, esa capacidad de asombro esta guardada en el cajón de las seriedades. Allá más nos vale aprender a vestirnos de adultos serios y ocupados si queremos encajar socialmente. Como si expresar desde nuestra más íntima conexión con el niño interior fuera una muestra de debilidad o vete tu a saber qué… Claro, al permitirnos expresar desde lo auténtico, ponemos en riesgo nuestro sentimiento de pertenencia. Mejor seguir caminando por la vida habitando una falsa y agotadora normalidad.

La locura reside en sabernos locos por dentro, e intentar parecer normales por fuera.

Me da que vivimos en la incoherencia.IMG_20170426_235956

¡Ah! Ya sé porque mi escribir de hoy esta afilado y pinchón. Hace tiempo que no le hago cariños al niño que vive en mí, ni me río de mi mismo. ¿Tan serio y ocupado ando?

(Pejë, Shtime, Ferizaj,  Hani i Elezit. Kosovo)

6 pensamientos en “Kosovo existe

  1. Hola Alejandro soy Emi, que aventura más bonita, que experiencias y vivencias. Cuidate mucho y disfruta de todo lo que veas y conozcas. Cuanto se aprende viajando. Muchos besos y un abrazo muy fuerte.

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  2. Hola Tigre, que grandes reflexiones, tal vez todos deberíamos dejar nuestros relojes levantar los ojos del suelo y mirar a la cara a los demás y sonreír, todo sería más agradable. Un abrazo y mucha fuerza.

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