Enclowntrando al clown

Día de encuentros y celebraciones. Me encuentro con Álvaro, el biciclown. Celebro la magia de la vida, tan misteriosa ella.

Este asturiano recorre el mundo a bordo de Karma, su bicicleta. Su payaso viaja con ellos, ofreciendo al mundo su cuidado show en lugares donde las personas viven en condiciones especiales. Demasiadas similitudes en nuestra forma de mirar al mundo y transitar por sus senderos como para pasarlas por alto. Con alguna diferencia: la proa de Karma ya va queriendo arrumbar hacia España, después de 13 años sin ver tierra. Se les quedó pequeño el mundo. La de Karuna, apenas empieza a cubrirse de salitre. Muchas horas de Sol, viento y soledad en la piel de este viajero.

Gracias a las locas tecnologias, que nos “conectan” con los otros apretando teclas, hace tres días, descubrí que Alvaro y yo nos encontramos a unos 3 días de distancia. Charlamos. Quedamos en encontrarnos en algún punto mientras el arría velas y yo meto más trapo a la burra, confiando en que el viento nos acaricie por popa. Y lLoilusión… A ésta ya le sopla buen viento. Álvaro me va “cantando” lo que encontraré mañana en ruta y mañana, lo de pasado. Nos imagino como dos navegantes solitarios, cantándole uno al otro por la emisora donde esta el buen viento, para encontrar agua o pasar una noche tranquila; o donde arrecia el temporal, con subidas duras y largas, de las que hay que tomar con calma y determinación. Así nos imagino y un poco, así somos. Dispuestos a compartir nuestra soledad por un rato.

……………

A la orilla de un lago nos encontramos y nos falta tiempo para descorchar la botella de vino que viaja conmigo desde que Arman la dejara caer en el fondo de una alforja, a mi paso por Mostar. Brindamos por la vida. Y por los locos que se arriesgan a vivirla.

Un buen rato después, la Luna asoma tímida y silenciosa por la espalda de la montaña, cómplice de una amistad que empieza a forjarse, y nos descubre con los ojos alegres y el corazón desnudo. Un par de lunáticos compartiendo un cachito de vida.

……………..

Nuestras ruedas van dejando su estela por el este de Montenegro. A veces en silencio,  respetando los ritmos del cuerpo. Otras conversando, riendo o  maldiciendo por no encontrar un buen lugar donde pasar la noche.

Disfruto rodando en compañía de Álvaro. Aprendo mucho descubriendo a un viajero generoso. Un compañero con ganas de compartir alegría y sabiduría. Alguien que ha pasado miles de noches durmiendo bajo las estrellas, hace ya unas cuantas lunas que tiene sangre de nómada y muchas historias que contar. Y yo que escuchar.

Parece que de tanto nombrarlo en nuestras conversaciones, el espíritu payaso anda flotando en el aire y así, nos toca improvisar una fría noche bajo el portal de una escuela de Rozaje, en Montenegro. Los payasos aman improvisar, viviendo el presente como lo que es: un regalo recién desenvuelto al que miran con los ojos bien abiertos, descubriéndolo por primera vez Y no hay nada más. Puro presente al que entregarse. Ligero y confiado.

Y es en esta escuela donde, ya instalados en el nuevo día y con los niños llegando a clase entre bostezos y miradas curiosas, Chancleto tiene otro presente: éste es el lugar donde actuará por primera vez durante el viaje. ¡La primera vez! Como me gustaría recordar las primeras veces de un montón de cosas ya vividas… La palabra recordar es tan hermosa. Su origen viene del antiguo latín Re cordis: volver a pasar por el corazón.

Esta primera vez si la recuerdo. El número está poco trabajado y se nota. Al público, algo menos de un centenar de niños y adolescentes, le cuesta un poco seguir el hilo, lo que está ocurriendo en el complejo y delirante mundo del payaso. Con todo, me da para oír risas y ver algunos ojos bien abiertos.

Al acabar el número, no tengo un lugar donde salir de la piel del payaso en la intimidad y algunos chicos adolescentes me siguen hasta la espalda de la escuela, encontrando diversión en sacarme las cosas de las alforjas o incluso tirarme alguna piedra. Para mí, el estado payaso es un estado del alma en el que siento que paseo por la vida con el corazón abierto de par en par. Ver piedras pasar volando sobre mi cabeza me lo rompe en mil pedazos. Esto también es el mundo. Esto está pasando en mi mundo y entiendo que es un buen antídoto para mirar de frente a la idealización con la que tanto me gusta enredar. Y creo que también entiendo, a través de la vivencia, un poco más a este país que se me escurre sin llegar a tocarme la piel.

Era necesario empezar en subida, haciendo espacio al aprendizaje y aireando los juicios insanos. Fue perfecto como fue y el corazón late con fuerza.

Álvaro se convierte, casi sin querer y con mucha gracia, en cocreador del número regalándome ajustes y gags creativos e ingeniosos. Me siento afortunado de que nuestros rumbos se hayan encontrado.

Lo técnico se ensayará hasta integrarlo como algo natural. Lo esencial no se puede ensayar… Conecté con Chancleto como si le hubiera parido y eso era todo lo que necesitaba. Mi payaso vive en mí.

4 pensamientos en “Enclowntrando al clown

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s