Nuestro miedo más profundo

Estas montañas se muestran sin pudor ante mis ojos. A veces me parecen duras y ásperas. Frías y secas. Enormes paredes de roca que me intimidan e incomodan al navegar entre sus valles. Soy tan pequeño que al ego le pica en el culo.

Otras veces son dulces y amigables. Llenas de vida, de árboles y de pájaros y de ríos corriendo valle abajo. Laderas verdes y luminosas que me hacen brillar los ojos.

……………..

Llueve, aquí en los Balcanes llueve mucho. ¡Que bien huele la tierra cuando el agua le acaricia la piel! Agua que alimenta la tierra. Tierra que alimenta la vida que ha de crecer.

Cae la tarde y junto a la carretera encuentro un techo donde cobijarme y escuchar el agua caer. Es agradable ver llover y estar seco. Desde mi refugio, trato de despreocuparme por llegar a ningún lugar, me digo que ya estoy en el mejor lugar posible. Al final de cada día, he de encontrar el lugar que el Universo me ha preparado para pasar la noche. Es como un juego. La incertidumbre es algo que me mantiene alerta, perceptivo a las señales. Desperezando a la intuición. Así es la vida nómada que cada día me hace echar un poco más de más las comodidades innecesarias.

Abro las alforjas, me abrigo con ropa seca y preparo algo caliente para comer. Caliento el cuerpo, por fuera y por dentro. Lo siento cansado y relajado. Pedal a pedal, este cuerpo pequeño y fuerte me ha traído hasta donde estoy.

Observo las nubes jugando con el viento, dejándose deslizar traviesas por las laderas, adoptando sugerentes formas que son un regalo para el imaginario.

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Y así pasa la tarde. Y la noche. Y la vida…

……………..

He despertado recordando unas bellas y profundas palabras de Nelson Mandela. En su día viajaron directas al corazón. Al leerlas hoy, me siguen resonando tanto como entonces:

Nuestro miedo más profundo no es no estar a la altura. Nuestro miedo más profundo es que somos tan poderosos como nuestra imaginación.

Es nuestra luz, no nuestra oscuridad lo que nos asusta.

Nos preguntamos: ¿quién soy yo para ser brillante, precioso, talentoso y fabuloso?

En realidad, ¿quién eres tú para no serlo?

Jugar a ser pequeño no le sirve al mundo. No hay nada iluminador en encogerte para que otras personas cerca de ti no se sientan inseguras.

Todos nacimos para brillar, como lo hacen los niños.

No está en alguno de nosotros: está de dentro de todos y cada uno.

Y al dejar que nuestra propia Luz brille, inconscientemente permitimos a otros que hagan lo mismo.

Al liberarnos de nuestro propio miedo, nuestra presencia automáticamente libera a otros.

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(Stolac, Ljubinje, Trebinje, Herzeg-Novi, Kotor. Balcanes, rumbo al Adriático)

 

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