La sal del Mediterráneo

La proa de Karuna arrumba hacia el norte. Durante muchos kilómetros, pedaleo a la orilla del mar, oliendo a espuma y a sal. Le canto al Mediterráneo y éste juega con el reflejo del Sol y con mi imaginación, creando preciosos destellos sobre su infinito manto azul. Estoy enamorado del mar. Cómplice de locuras y secretos. Al atardecer, un grupo de gaviotas pasa sobre mi y me recuerdan que ellas también tienen un hogar al que volver. Siento alivio y me sonrío.

En estos primeros dias de viaje, la tierra es generosa y los hortelanos que la acarician amables con el viajero. Mis alforjas van cargadas de naranjas, habas, lechuga, repollo y algunas alcachofas. Coloco un ramillete de menta en el manillar y al mirar a la burrita desde lejos, tiene el aspecto de una verdulería ambulante.

Los campos de naranjos y almendros son una delicia. Me bajo de la bici y echo a correr entre los naranjos, rozando sus flores con las manos. Después me tumbo a la sombra y cierro los ojos. Esta es mi vida ahora, sentir el abrazo de la tierra y dejar que la flor del azahar juegue con mis sentidos…

…………….

Estoy inundado. De pensamientos y preocupaciones. Ausente de presente. Viviendo en la fantasía. Y me enfado. Y al rato, me alegro. Esta, también es mi vida ahora. Al fin y al cabo, se trata de ir tomando conciencia de lo que se mueve por dentro… y aceptarlo. Ahí ando, tratando de mimar mis torpezas, que me hacen maravillosamente imperfecto. Bendita ecuanimidad jugando al escondite.

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Poco a poco, pedal a pedal, voy avanzando. Y al avanzar, me alejo. La paradoja que persigue al viajero. Hay que tomar y soltar al mismo tiempo. Atrás va quedando lo conocido, las comodidades y la invisible seguridad, que me lleva a buscar una estabilidad, sin tan siquiera preguntarme si es eso lo que quiero. Al instalarme en lo que ‘debo’ ser, me alejo de mis instintos e intuiciones y eso es un precio demasiado alto que no estoy dispuesto a pagar. No, no es eso lo que quiero para mi.

Alejarme de la superficie para acercarme a la profundidad… como si la vida fuera una zambullida constante. Me pierdo un rato en esta reflexión, tratando de entender porque sumergirme en el mar, es algo que me hace tanto bien… “Pa que no te olvides lo importante, Nano”, me digo.

Y como escuece, coño. Me cuesta soltar y abrazar lo nuevo, la incertidumbre. Soy un aprendiz, aprendiendo a bailar con el miedo a lo desconocido, en busca de una vida fluida y excitante.

Keep moving!

Los estados de ánimo van cambiando al ritmo que el paisaje cambia de piel. Algo antes de cruzar el delta del Ebro, los naranjos y almendros van dejando paso a los olivos y el viento… después llegan los pinos y su olor a resina y a monte. Me gustan los olores que evocan recuerdos y los recuerdos que evocan olores.

…………………

Perderse pa encontrarse. Descubriendo bellos rincones de este país maravilloso que es España.

En el camino costero hacia Barcelona, paso un tiempo breve y precioso en familia, imaginando como será la nueva vida que está por llegar. Eso de ser madre, padre o ambos… ¡eso si debe ser una gran aventura!

(Costa este, España)

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